QUÓRUM AL 99%

Palma de Mallorca, España, Islas Baleares. Nueve de la noche hora ibérica, dos de la tarde hora colombiana… o seis de la mañana hora australiana (en Sídney, obviamente). Sea como sea y a la hora sea, el lugar era el mismo: el ONO ESTADI, antes Son Moix, y próximamente Iberostar Stadium.

Acudía por un lado el RCD Mallorca, dirigido por Michael Laudrup, el danés que antes pasara por el Barcelona y por el Real Madrid, y quien tiene la estoica misión de reemplazar y hacer olvidar a Gregorio Manzano, el hombre que asumió el mando del equipo bermellón durante dos periodos en los que ganó la Copa del Rey, salvó descensos inminentes y clasificó al equipo a la UEFA Europa League, pese a ser luego vetado por el organismo rector del fútbol europeo dado sus problemas financieros, lo cual causó la salida de Manzano y múltiples protestas de los hinchas mallorquines a Michel Platini, reclamando aquello que se ganaron en el terreno de juego la temporada pasada.

No se hicieron esperar arengas del público ante la UEFA y pancartas, relacionando a Michel Platini, presidente de la UEFA y Fernando Roig, presidente del Villarreal- club beneficiado con el cupo europeo despojado al Mallorca- con el legendario Vito Corleone, el Padrino, personaje principal de la gran novela de Mario Puzzo.
Por otro horizonte llegaba el Real Madrid, club amado por mucho, odiado por otros. Con José Mourinho a la cabeza de un enésimo nuevo proyecto de Florentino Pérez, el Madrid esperaba empezar con pie derecho la competición.

ONO ESTADI, nueve de la noche, empieza el juego. El Madrid intentaba tener el balón, pero el Mallorca no lo deja jugar a sus anchas, e intenta con el contragolpe crear peligro. Pese a unos esporádicos y escasos momentos en los que el conjunto blanco intentó jugar bien, el partido de los dirigidos por José Mourinho no fue el mejor. Se trató de un partido luchado, peleado, rocoso, como los expertos lo llamarían. Los blancos tuvieron algunas opciones, especialmente con Cristiano Ronaldo y Gonzalo Higuaín. Los bermellones no se quedaron atrás, y gozaron de ocasiones en los que inquietaron la paz interior, el nirvana de Iker Casillas, portero y capitán madridista.

En las gradas había buen ambiente. Obviamente la mayoría estaba cubierta por el color rojo, el representativo balear. Otros sectores estaban coloreados por el matiz que supone la mayor presencia de luz, el blanco. Tampoco faltarían los hermosos y nuevos automóviles que adornan los costados norte y sur del estadio mallorquín, ubicados en la pista atlética. Florentino Pérez no se habría de perder el juego, menos la libreta de Mourinho, y muchísimo menos el diablillo que hace de mascota del Mallorca y que intentó hacer una pilatuna con Lass Diarra cuando este iba a hacer efectivo un banda.

Parecía que todos los invitados a la noche balear habían llegado. Sin duda las hermosas playas del mediterráneo llaman la atención de cualquiera que quiera pasar unas inolvidables vacaciones de verano. A la hora de verificar el quórum solo alguien faltaba: el gol.

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