AUN NO HAY “LEVANTE” EN EL RENDIMIENTO DEL MADRID

 

El Ciutat de Valencia no estaba repleto, como quizá se podría haber esperado. Seguramente el precio de las entradas fue la causa de que hubiese aposentos a la espera de un dueño. El Levante recibía al Real Madrid cargando, tal como Atlas al planeta tierra, con un precedente no muy positivo: De cinco visitas del Real Madrid ni siquiera un punto había sumado. El equipo blanco por su parte quería conservar el liderato de Liga, teniendo en cuanta que el Valencia había ganado en su visita a Gijón al Sporting, por lo que parcialmente se le alejaba tres puntos.

El Madrid empezó dominando el esférico e intentaba generar peligro en contra de la portería levantina, defendida por Manolo Reina, quien fue el máximo obstáculo para que el Madrid no se adelantara en el marcador durante el primer tiempo, en parte ayudado también por la organizada y voluntariosa defensa local y la poca aptitud del equipo blanco a la hora de poner a peligrar la retaguardia valenciana con mayor volumen, asiduidad y ahínco.

La segunda parte en cierto modo fue un calco de la primera. Un equipo merengue sin ideas diáfanas en ataque buscaba romper una defensa local rígida y segura, que no daba la más mínima licencia al once madridista para inflar la red de la portería defendida por Reina. El Levante de cuando en vez atacaba, pero su poca creatividad y talento impidieron desordenar una defensa blanca con unas cuantas dudas y titubeos.

La afición local, en un principio algo apagada y concentrada en chiflar a Cristiano Ronaldo cuando tenía el balón, con el paso de los minutos se fue involucrando con el juego y calentando, en dirección inversamente proporcional al desarrollo del juego. Mientras tanto el Real Madrid ya más desesperado intentaba colarse en la defensa levantina para generar opciones de gol, empresa que no tuvo éxito. Una jugada destacada se presentó en el minuto dos de reposición cuando Gonzalo Higuaín tuvo un mano a mano con Manolo Reina, que salvo el último con éxito, ayudado por el defensa David Cerrajería, quien hizo honor a su apellido.

El delirio, la purificación, la catarsis vino cuando el árbitro señaló el punto de la mitad de la cancha, indicando que el juego había terminado, y que el Levante sumaba un punto de oro ante su encopetado rival, que aún no presenta “levante” en su rendimiento deportivo y goleador.

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