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El ambiente, pese rumores invernales propios de la zona norte de España en esta época, estaba caldeado; las declaraciones previas al partido presuponían que ambos equipos saldrían al Molinón a jugar este juego como si fuese el último. Era pues factible que quien ganase lo haría tal cual se dice, sudando la gota gorda, requiriendo la tecnología de Adidas Climacool.

El Molinón no presentaba todas sus sillas con un ocupante. Aún así quienes fueron gritaron y auparon a su equipo como si el estadio se hubiese llenado dos veces.

El Sporting salió desde el primer minuto ahogando y atrofiando las ideas de un Real Madrid algo dubitativo al inicio del partido. El conjunto blanco fue controlando el balón, y durante diez minutos, logró olvidar e ignorar los templados ánimos en su contra y el musculo de un equipo local que hacía todo lo posible para que los jugadores merengues no hilvanasen más de dos pases seguidos. Fue en esos momentos cuando Gonzalo Higuaín mandó un balón al poste.

En los instantes que pregonaban un dominio claro madridista pese al ahincó de su rival, fue cuando el Sporting de Gijón friccionó el que parecía un seguro avance visitante. El partido parecía una batalla campal en la que los jugadores caían de manera constante dado al predominio de la fuerza y la intensidad. El público jugaba su parte al presionar cualquier acción merengue y al apoyar a los asturianos. El Madrid no era preciso, el Sporting hacía bien su tarea.

Sin duda alguna hay momentos en los que es muy acertado tomar una decisión. Un ejemplo de la anterior situación es pitar el final de un primer tiempo o de un partido cuando los ánimos estaban al terminar la primera parte del juego en cuestión. El pito de árbitro hizo las veces de calmante que tuvo su efecto en los diversos actores del “match”. El segundo tiempo era un escenario que contrastaba con el primero. Se entraba en la parte decisiva del partido y era menester neuronas, no testosterona.

Si bien es cierto lo anterior el libreto técnico-táctico no variaba mucho: Un Sporting presionaba con decisión el juego merengue y se aprontaba a capitalizar alguna acción de contragolpe.

De manera paulatina primaba más el fútbol aunque no muy cristalino. El Madrid no generaba claro peligro, al igual que su rival. Por si acaso se encontraban Juan Pablo e Iker Casillas defendiendo con seguridad sus respectivos arcos.

Cuando se entraba en la recta final un centro de Sergio Ramos fue interceptado de cabeza por Karim Benzema. Juan Pablo no atajó del todo el remate, su rebote fue a parar en las botas de Gonzalo Higuaín, quien anotó el que sería el único tanto de un partido caliente y gaseoso en el que el Real Madrid saldría ganador, recuperando el liderato de la Liga BBVA.

Por lo pronto los merengues deberían estar agradeciendo usar camisetas Adidas con tecnología climacool, de lo contrario, incinerados y bañados en sudor hubiesen salido los dirigidos por José Mourinho de un caldeado Molinón.

 

 

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