Manotazo Culé

La expectación era importante, y los pregones de un buen partido, y sobre todo, de un espectáculo futbolístico, tomaban fuerza con el paso de los días, acaparando buena parte de la agenda concerniente a los temas del fútbol. Lo que si no se esperaba, era que la balanza se inclinase tanto a favor de un bando, gracias de un certero y soberbio manotazo.

El Camp Nou estaba repleto, ante la presencia de un juego legendario y que despierta pasiones no solo en los límites geográficos pertenecientes a la península ibérica. Ambos equipos entraban a la cancha bajo un mosaico magnifico organizado por los hinchas catalanes.

Pese a que el Real Madrid empezó tocando el balón, a través del saque inicial, quizá siendo el momento en el que poseyó más tiempo el esférico a lo largo del cotejo, el Barcelona desde un primer momento entró dispuesto a llevarse el resultado. Los blaugranas practicaban su característico juego marcado por el toque corto con el fin de fabricar los espacios suficientes para perforar la defensa rival.

La custodia merengue no iniciaba muy fina, por lo que desde los primeros minutos se presumía que pronto caería. Un disparo al poste de Lionel Messi era suficiente aviso. Los blancos no concretaban el juego que los había llevado a ser líderes, cosa que aprovechaba el Barcelona conforme avanzaba el partido. Al minuto diez el inminente gol local se hacía realidad, a través de Xavi Hernández quien solo definía ante la salida de Iker Casillas.

La reacción merengue no llegó, y el Barcelona 8 minutos más tarde mediante Pedro se encargaba de complicar el panorama madridista de cara al desarrollo del clásico. El 2-0, si bien es cierto que, como dicen algunos caciques del deporte rey, es el resultado más peligroso, no presumía ni traía alguna calamidad a las huestes culés, al ver que su equipo toreaba dentro del terreno de juego a su más empedernido rival, mediante el buen toque y la calidad de sus pequeños, pero talentosos y audaces jugadores.

Tal vez, los últimos minutos del segundo tiempo posteriores a una tangana entre Cristiano Ronaldo y Pep Guardiola que caldearon más los ánimos del clásico español, fueron y significaron una leve oportunidad para que el Real Madrid salvara algo de su honor, y entrara a la segunda parte con el ánimo y ahínco suficiente para  conseguir una hazaña que parecía, ser complicada, de acuerdo a lo que sucedía en el terreno de juego, esta era, sacar un punto de su visita al Camp Nou.

Lo anterior en tres minutos se habría de derrumbar por completo, al punto de convertirse en una proposición irresoluta y risible. David Villa a los minutos 55 y 58 pondría el marcador 4-0, resolviendo el devenir del clásico número 161 entre Barcelona y Real Madrid.

De ahí en adelante los jugadores ofrecieron un recital de toque de balón, ante un impotente y desconocido rival, que parece, olvidó las buenas sensaciones futbolísticas que habían marcado su inicio de campaña. Impotentes los merengues se limitaban a observar el juego de su rival y a repeler a través de sendos golpes sus avances.

Ya cuando el partido expiraba, Jeffrén Suárez redondeaba el marcador a 5-0, cosa que desquicio a Sergio Ramos, quien salió expulsado al final del partido. El Barcelona con el triunfo se consagró como líder de la Liga, y aprovechó el mal juego merengue para propiciarle un eficaz manotazo.

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