A propósito de la calma

Cuando la cantidad de compromisos, sea de cualesquier naturaleza, es abundante y exige los mejores resultados, es presumible y quizá normal que exista cierto agotamiento y falta de total lucidez, por parte de aquella persona o institución que efectúa dichos deberes. El anterior caso se podría decir que aplicaba para un Real Madrid que en este primer lapso del año había jugado 10 partidos, en los cuales, poco había experimentado alguna sensación cercana a lo que se entiende como paz, tranquilidad o sosiego.

Para calma de los seguidores blancos que eligieron como plan de domingo a las 7 de la noche acudir al Estadio ubicado en el paseo de la Castellana de la capital española, el equipo de José Mourinho podía conseguir, más allá de los tres puntos, la sensación de contundencia y claridad con la que, ante todo a principios de temporada, se llevaba los partidos. Las remontadas épicas hacen parte, en cierta manera, del ADN del Madrid, aunque por razones de salubridad-dice presente el corazón de los aficionados-, era mejor que aquellas hazañas se aplazaran para otra ocasión.

A los 18 segundos de iniciado el encuentro entre Real Madrid y Real Sociedad, correspondiente a la Liga BBVA 2010/2011 en su Jornada 22, en una especie de  combinación entre la comunicación telepática aficionados-jugadores y el dócil además de rebelde destino, Kaká tocaba la puerta de Claudio Bravo, con un disparo al ras que raspó la hierba y vio de cerca el poste. Aviso del Madrid, que poseía el balón en busca de vencer la resistencia donostiarra.

Fue Kaká el elegido para provocar aquello que en el fútbol se repite tanto y que pese a estar tan trillado causa siempre el mismo placer, y la sensación de tocar el cielo con las manos: ¡Gol!, cantado y celebrado por una afición que observaba desde sus aposentos como el “8” hacía recordar con su definición a aquel brasileño que triunfó en el AC Milan y que alzaba los brazos cuando anotaba, agradeciendo la ayuda divina.

¿Qué habría de suceder? ¿Dominio claro del Madrid y encuentro de la ansiada tranquilidad y el sosiego victorioso? Respuesta: No, al menos en un momento. Pocos segundos después del gol, mientras la afición volvía al mundo terrenal después del éxtasis, Raúl Tamudo pudo haber empatado por los visitantes, de no ser por la aparición de un oportuno y providencial-como en muchas ocasiones-Iker Casillas, que con su humanidad evitaba una anotación inminente.

Los merengues, después del anterior aspiró, suspiró, contó hasta 10…y siguió dominado las acciones de un juego, ante una Real Sociedad que con poco que perder, tenía miedo a ocupar las portadas de los diarios deportivos más relevantes del orbe, al hundir más al Real Madrid en sus aspiraciones ligueras. Más allá de pensar en lo anterior, vale citar el gol de Cristiano Ronaldo al minuto 20, lo cual hacía más efímero el sueño vasco de provocar un golpe de estadio en el Bernabéu, y conseguía que el portugués experimentara las sensaciones del nirvana, al romper la sequía anotadora que lo atormentaba, y que derivaban en acciones ilusas del luso, algo poco común en el.

El reggae de la mejor época de Bob Marley  era el ideal para la banda sonora de esta producción futbolera. Con la comodidad resultante de un buen regazo, aquel místico que enferma al no ver al merengue en el verde, podía celebrar, ya  sin ser pesimista, el tercer gol al minuto 41 de los locales, que vencían 3-0. Mesut Özil, un artista de la redonda, un titiritero que maneja con estilo los hilos de la ofensiva madridista, puso mediante un tiro de esquina el balón que conectó la cabeza de Cristiano Ronaldo, dándole como destino final la malla. Salvo una hecatombe, el Madrid podía contar con tres puntos.

Los donostiarras no acudían a aquel surrealismo futbolístico que ha entregado tantos momentos de sorpresa a los aficionados de este deporte, certificando que no posee lógica o regla de 3 alguna. Eso sí, un pequeño cruce de cables entre Casillas y Álvaro Arbeloa al minuto 70- el defensor con su pecho interceptaba una atajada de su compañero, propiciando que el balón fuera a su encuentro con el gol- hizo realidad el descuento para los visitantes.

A pesar de que con el paso de los minutos se hacía evidente la resolución del cotejo con un 3-1, el grito ¡GOL! Por parte de las cuerdas vocales del público, Fue forzado por Emmanuel Adebayor en la agonía del partido; el togolés plasmó en la historia de las estadísticas su primera anotación de Liga, posterior esta a un pase de Ángel Di María. Unos minutos más de juego, los aficionados abandonaban sus sillas en busca del hogar-o cualquier otro establecimiento- hasta que el árbitro con su silbato certificó la muerte del partido Real Madrid 4-1 Real Sociedad.

Botín y ganancias del día: 3 puntos, 3 goles más de diferencia, y lo más importante, el Bernabéu y el ceno del Real Madrid recordó que significa el vocablo CALMA.

 

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