Una pulga deja herida de mortalidad a una gran ilusión

Banderines blancos ondeaban en los puestos ocupados por los hinchas merengues que acudieron al Santiago Bernabéu aupados no tanto por el viento de la tarde-noche madrileña, sino más bien por una ilusión que juvenil y renovada había regresado al madridismo,  en cuanto a lo que se refiere a los deseos de la entidad blanca de poder conquistar Europa por décima ocasión, aún así, todo esto recibió un golpe mortal, por parte de una pulga a la que se le despojó de su sombra.

Era la tercer vez que en un mes se veían las caras Real Madrid y Barcelona, en este episodio, en el marco de las semifinales de la  UEFA Champions League, en su partido de ida. La dinámica del juego se presentaba de igual manera a como se dio en los últimos enfrentamientos, el Barcelona poseía el balón practicando su juego de toque corto en tanto que el Madrid, agazapado, esperaba cualesquier desatención del rival para capitalizarla mediante un contraataque.

Se echaba de menos, por parte del equipo local, el ahínco y la entrega que se expuso en Mestalla, en especial en el primer tiempo de aquel enfrentamiento en el que gracias a la presión madridista el Barcelona no pudo estar cómodo dentro  del campo, siendo irresoluto en ataque; en el Bernabéu, los culés se pasaban el esférico entre sí a placer, ante un Madrid que no se aventuraba, en muchas ocasiones, a pasar la línea que divide el terreno de juego en dos partes iguales; esto, provocó la rabia de un Cristiano Ronaldo que veía como sus acciones ofensivas se reducían a la más triste soledad e impotencia.

Si bien es cierto que los blaugranas poseían el balón, pareciendo el partido un monologo visitante, mentira no es que el FC Barcelona no era muy punzante en ataque, generando tan solo dos ocasiones de gol en la primera parte, una, por parte de un disparo de David Villa que pasó cerca del poste, y otra, de Xavi Hernández, quien entró al área tras un pase de Lionel Messi y cuyo remate fue atajado por Iker Casillas.

Acaparaba más protagonismo en la que se denominaba como final anticipada las peleas y disputas entre los jugadores de ambos equipos, tensionados y nerviosos, razón por la cual no usaban de la mejor manera sus neuronas, su raciocinio, derivando lo anterior en tanganas como la que tuvo lugar en la entrada del túnel a los camerinos, siendo esta la causante de la expulsión del portero suplente del Barcelona José Manuel Pinto. Gris primer tiempo de un partido que por su nombre prometía encandilar las retinas de los aficionados, a raíz de la luz emanada por las estrellas protagonistas de este evento deportivo.

Para el segundo tiempo Mourinho dio entrada a Emmanuel Adebayor en detrimento de Mesut Özil, cuya aparición dentro del partido se limitó al momento en que se anunció en tablero electrónico la formación del Real Madrid; el togolés entró a presionar la salida culé desde atrás, todo esto haciendo parte de un intento de recuperación por parte del equipo local de la esencia de aquel juego en el que acorraló e hizo ver mal al once dirigido por Pep Guardiola.

Los blaugranas aún no se resolvían a jugar sus cartas en ataque, si bien es cierto que su as, Lionel Messi, estaba cubierto bajo la sombra de Pepe, una especie de fango o tierra movediza en la que el argentino se estancaba siendo irrelevante en el desarrollo de los últimos dos clásicos. Messi resurgió de su cenizas, tal cual un ave fénix al minuto 61, o por lo menos, era consciente que la sombra que lo eclipsó a lo largo de dos partidos había muerto para siempre…Pepe había sido expulsado.

La entrada del portugués a Daniel Alves no llevaba las mejores y más puras intenciones, aunque es cierto y evidente que no tocó al “afectado” de la acción del luso. La tarjeta roja que recibió Pepe fue aquello que hizo posible que Alves se recuperara inmediatamente después de  un golpe, que al parecer, fue fingido bajo un talento actoral equiparable al de Natalie Portman. Después de la expulsión del defensor blanco habría de llegar la de José Mourinho… llovía sobre mojado.

El Real Madrid, una vez más con 10, daba la sensación de inseguridad, y no aquella que dio de valentía en la última ocasión que en su casa se quedó con un hombre menos ante su más acérrimo rival; Guardiola movía sus fichas, al 71, daba entrada a Ibrahim Afellay, en lugar de Pedro quien salió lesionado después de un pisotón de Marcelo. La velocidad del holandés terminaría por ser fundamental dentro de la resolución de esta nueva edición del clásico español.

Por la banda derecha al minuto 76 fue cuando Afellay superó en velocidad a Marcelo y lanzó un centro que pescó Lionel Messi, la pulga, libre de todo mal y peligro, exento de aquella sombra, de aquel lastre  el cual entorpeció su talento, para beneficio de un Real Madrid que después de la anotación culé era una sinfonía sin director, un equipo sin norte y sin decisión para buscar la portería de un Víctor Valdés quien la pasaba a lo grande.

Los blaugranas se dedicaron a algo a lo que están acostumbrados y que antes se había citado en este escrito; una vez más, los culés tocaban el balón ante la mirada impotente de un Madrid derrotado, epíteto este que se hizo evidente sin lugar a refutaciones en el segundo gol de Messi, al minuto 87, sentenciando tal anotación  el partido y prácticamente una eliminatoria que se cerrará en el Camp Nou, el martes 3 de mayo del 2011 a las 20:45 horas.

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