A propósito del tiempo como medida y su importancia

El tiempo no deja de ser una medida apreciable dentro de las actividades humanas, y más aún cuando se le impone ciertos límites, cosa que obliga a realizar de manera eficiente los deberes estipulados; en el caso del fútbol, esta unidad que se mide con un reloj de cualesquier naturaleza puede  ser decisiva a la hora de determinar algunos aspectos que rigen la competencia, derivando lo anterior en ocasiones a una especie de bipolarismo, pues en unos segundos de más, quizá algunos de menos, de la alegría se pasa a la tristeza, o bien, del desespero a un poco de tranquilidad…¿un ejemplo para mayor claridad?: como no…el empate entre Brasil y Paraguay en Córdoba a dos goles en la segunda jornada correspondiente al Grupo B de la Copa América.

Y es que no habían pasado más de dos minutos, cantidad presuntamente no muy significativa, cuando los guaraníes ya habían inquietado la portería de Julio César con un disparo dentro del área de Roque Santa Cruz quien supo encontrar espacio en medio de los centrales cariocas; los hombres de Gerardo Martino, pese aquella tempranera escaramuza, estaban programados para otros fines: hackear el funcionamiento del siempre esperado “jogo” bonito de la “verde amarelha” que tropezaba con un mediocampo rígido además de organizado a la hora de presionar el juego de los dirigidos por Mano Menezes, que apenas al minuto 18 consiguieron vencer la resistencia defensiva paraguaya a través de una jugada de ataque elaborada por Alexandre Pato y frustrada por el portero Justo Villar.

Caía con el trascurrir de los minutos el partido en una confusión marcada por el hecho de que ninguno de los dos equipos se imponía con decisión a llevar el timón de un compromiso que encontró su primer gol al minuto 38, cuando después de una trastabillada acción de recuperación por parte de Ramires, que terminó en los pies de Ganso, el centrocampista Jadson, a servicio del último, desde media distancia remató fuerte y cruzado un balón que batió el esfuerzo de Villar con el fin de detenerlo; empezaba imponiéndose de tal forma un Brasil aún no reconocido dada su confusión dentro de la cancha a la hora de elaborar las jugadas de carácter ofensivo.

Aún así, un equipo presentó candidatura con el fin de ser elegido como el conductor del ritmo de juego en el segundo tiempo, este fue Paraguay, que en efecto se puso al timón de un partido cuyas circunstancias le empezaron a favorecer durante el trascurrir de la etapa complementaria.

Sin descuidar su aplicado régimen defensivo, los guaraníes se decidieron a jugar sus cartas en ataque y pronto encontraron frutos: al minuto 54, a pase de Marcelo Estigarribia, el delantero Santa Cruz definió de forma sobria además de efectiva un balón que encontró descanso al fondo de la valla defendida por un Julio César que nada pudo hacer para evitar la anotación.

Mucho menos logró impedir el guardavallas de la “canarinha” el segundo tanto paraguayo, el cual llegó 12 minutos después del ya reseñado mediante un disparo dentro del área por parte de Nelson Haedo Valdez que encontró en la humanidad de Lucio un obstáculo positivo, en cuanto a que su rechace rebotó en el pecho del atacante guaraní desubicando así al portero brasileño en el cumplimiento de su tarea de evitar un gol dentro de  cuya gestación fue importante un error en salida por parte del lateral Daniel Alves , el cual, fue capitalizado por Cristian Riveros, en primera instancia, y luego por Roque Santa Cruz, el autor de la asistencia a Valdez.

Este momento marcó un hito crítico dentro del sistema carioca, el cual casi hackeado, no encontraba la forma de perforar  una defensiva guaraní tan solida como la misma muralla china; pudieron empatar los de Menezes a través de un tiro libre bien ejecutado por Elano y mejor atajado por Villar…el tiempo se diluía para Brasil, quedaban 5 minutos, dentro de los que  unos pocos segundos, algo valiosos por cierto, significaron un golpe de 180 grados a estribor hacia la ruta de un barco que calmo se dirigía a la celebración de un triunfo del seleccionado de Paraguay.

Lo anterior se plasmó en una acción ofensiva “verde amarelha” que encontró a un astuto Fred, quién preciso de un movimiento para confundir a Paulo Da Silva y Aureliano Torres, con el fin de afinar puntería y de anotar el segundo tanto brasilero al minuto 89, que significó la repartición de puntos entre los contendientes de un cotejo que enseñó, una vez más, la importancia de cualesquier unidad de segundo en el contexto de la práctica del fútbol, pues esta puede destruir algo que tomó tiempo forjar, cambiando de tal forma el decorado o la naturaleza de las circunstancias.

El próximo partido de Paraguay será contra Venezuela el 13 de julio en Salta, en tanto que Brasil enfrentará el mismo día a Ecuador en Córdoba.

 

 

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